Hace unas semanas tuve la oportunidad de compartir una jornada muy especial con cerca de 120 alumnos de diferentes cursos en el IES María Enríquez de Gandia. Un encuentro que, más allá de una charla, se convirtió en una conversación abierta sobre el fotoperiodismo, los conflictos olvidados y la importancia de contar historias que, muchas veces, ocurren lejos de nuestro entorno más cercano.
Durante la sesión, recorrimos algunos de los proyectos que han marcado mi trayectoria como fotógrafo y periodista. Hablamos de migración, crisis humanitarias, desplazamientos forzados y de cómo la fotografía puede convertirse en una herramienta para documentar realidades invisibles. A través de imágenes y experiencias personales, los alumnos pudieron conocer el contexto detrás de cada reportaje: desde la preparación previa hasta el trabajo sobre el terreno y el proceso posterior de edición y publicación.
Uno de los momentos más interesantes llegó en el turno de preguntas. Los estudiantes plantearon dudas muy directas sobre el oficio: cómo se financian este tipo de proyectos, qué riesgos implica trabajar en determinados contextos, cómo se establece la relación con las personas fotografiadas o cuál es el papel de la ética en el fotoperiodismo. También surgieron cuestiones sobre el impacto emocional de documentar situaciones difíciles y sobre la responsabilidad de contar historias con rigor y respeto.
Este intercambio convirtió la charla en un diálogo enriquecedor. La curiosidad y el interés de los alumnos demostraron que existe una sensibilidad creciente hacia los temas sociales y humanitarios, y que el fotoperiodismo sigue siendo una herramienta poderosa para generar reflexión.
Quiero agradecer al profesorado del IES María Enríquez por la invitación y, especialmente, a todos los alumnos que participaron activamente. Espacios como este permiten acercar el fotoperiodismo a nuevas generaciones y, sobre todo, recordar que detrás de cada imagen hay una historia que merece ser contada.



