“Mi hijo es joven y, perfectamente, puede trabajar con nosotros por la noche y al día siguiente acudir al colegio. En nuestra familia siempre nos ha hecho falta dinero. Yo empecé a pescar a los 10 años y nunca me ha pasado nada”. Comenta Peter, capitán de la barca BELIEVE, padre de Kessah Amevor de 11 años y residente en la región de Ada (Ghana).
Cinco y media de la madrugada, la madre de Kessah espera en la orilla de Maranatha Beach a que su hijo llegue de la jornada de trabajo nocturna. Junto a ella la cesta de metal para almacenar la mercancía que pueda comprar hoy. Una vez concluidos los trabajos de atraque del BELIEVE, comienza la subasta del género sobre la arena de la playa. El propio Kessah se encarga de llenar la canasta de su madre con el pescado del día, cuyo valor asciende a 2 euros. Inmediatamente, madre e hijo recogen sus pertenencias y ponen rumbo a su casa. A las ocho empiezan las clases y el niño necesita el uniforme del colegio. La madre, por su parte, está a punto de iniciar una nueva jornada en el mercado de pescado.
UNICEF calcula que unos 150 millones de niños de entre 5 y 14 años, o casi 1 de cada 6 niños en este grupo de edad, son víctimas del trabajo infantil. En la costa de Ghana, estos números se hacen visibles: 50.000 niños trabajan en los botes pesqueros del Lago Volta.

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