Mustafa Teyson, tiene 13 años.

Nació en Alepo (Siria) y en 2013 tuvo que huir, junto a sus padres, de una guerra que se llevó por delante a dos de sus hermanos.

En su huida, consiguieron llegar a Beirut (Líbano) y pudieron refugiarse en el campo de Shatila, junto a miles de refugiados, que, como ellos, huían de una guerra tan cruel.

Pero esta pesadilla no había hecho más que empezar…

Mustafa empezó a perder peso exageradamente, necesitaba transfusiones de sangre semanalmente y su cuerpo empezaba a no responder a ciertos estímulos. Su debilidad extrema le hizo perder incluso el cabello y toda su dentadura.

Hoy, sigue sin disponer de un diagnóstico real sobre su enfermedad. Su condición de refugiado le impide tener acceso a unos derechos sanitarios mínimo en el Líbano y sus problemas de salud no cesan.

 Desde esta semana, el retrato de Mustafa, se encuentra en la pared de un parque para recordar a todos los que lo miren, que ni todos los niños del mundo han tenido la misma suerte ni todos han tenido los mismos derechos.

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